Página literaria de Franklin Gutiérrez
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Mujeres de palabras: cuando la gratitud nos convoca
Por Franklin Gutiérrez
La insistencia de amigos y familiares ha alimentado en mí la creencia de que mis
sueños tienen fuerzas premonitorias. Y nada más cierto. La noche que envié a los medios
de comunicación mi reseña "Mujeres de palabra casi pierden las palabras", una valoración
a la obra Mujeres de palabra: poética y antología editada por Jorge Piña, Félix García y
Osiris Mosquea y compilada por Mary Gratereaux, soñé que un unicornio me transportó
hasta un lejano mar de corriente rabiosa donde fui atacado por un enjambre de abejas que
perforó toda mi piel sin compasión alguna. Tras una semana de agonía, y a punto de
sucumbir a la furia oceánica, apareció Poseidón equipado con dos poderosos tridentes y,
oculto entre los pliegues de la espuma, batalló hasta disolver todas las olas. Entonces, el
mar adquirió la tranquilidad de los delfines y pude, como cuentan los pasajes bíblicos de
Juan y Mateo sobre el maestro Jesús, caminar tranquilamente sobre las aguas y,
finalmente, salir de allí.
Ya en la orilla del mar, y en plena ejecución de una ceremonia de gratitud a los dioses
marinos por haberme sacado ileso de ese trance, una inmensa mantarraya me colocó en
una yagua verdusca y me arrastró hasta el alto Manhattan, a donde llegué sin marca en el
cuerpo y salvo. Pero tan pronto arribé a Quisqueya Heights mis oídos fueron sacudidos por
millares de palabras que reclamaban mi extinción. Cuando desperté, sin importarme la hora
ni el atolondramiento de mi cabeza, me arrojé sobre mi computadora. ¡Pobre computadora
la mía!, la hicieron receptora de varios correos electrónicos contentivos de improperios
procedentes de versificadoras dolidas interesadas en tergiversar deliberadamente el
contenido y la intención de mi reseña.
La reacción normal de un ingrato en circunstancia como ésta, es responder con
dardos más puntiagudos que los de sus adversarios. Pero así no vale. ¿Dónde está,
entonces, la cordura, la sabiduría? Al contrario, debo evocar a la más noble de las virtudes
humanas: la gratitud, porque si Poseidón me socorrió por desprendimiento propio, es justo
que yo también celebre y valore la solidaridad de quienes me privilegiaron leyendo mi
artículo y opinando sobre él. Gratitud, pues:
a) A la/os de olfatos certeros para asimilar el mensaje de mi reseña. Ella/os, como dice
un proverbio latino, "Qui bene legit multa mala tegit" (El que bien lee evita muchos errores)
sí son buenos lectores. De ahí su actitud justiciera de validar y ponderar mis
planteamientos, al entender que las tesis claras no necesitan demostraciones
contundentes. También porque dan por sentado que la función del crítico literario o del
comentarista de libro debe trascender la amistad existente entre el autor de un texto y el
texto en sí. Ellos son: León Félix Batista, Maya Isla, Abersio Núñez, Pura Emeterio Rondón,
Alfredo Villanueva, Ligia Minaya, Marino Mejía, Jhony Cruz, Graciela Azcárate, Miguel
Peguero y Anneris Goris.
b) A las cinco versificadoras y dos versificadores que, después de la aparición de
"Mujeres de palabra pierden las palabras", me han solicitado vía telefónica e Internet que le
sirva de lector de poemarios que están a punto de ser impresos. ¡Ya vamos ganando!
c) A Karina Rieke, inquieta, dinámica, impulsiva. Desmedidamente insaciable, siempre
inconforme con lo que recibe. Olvidadiza del precepto que reza "quien exige mucho
generalmente es poco dadivoso" ¡Qué desacierto!, igualando una reseña de libro a un
estudio o análisis de una obra. Por eso esperaba más. ¡Oh, Karina! Inflexible y despiadada
con tus adversarios. Pero esta vez aplaudo tu inteligencia y tu destreza como fabricante de
sopas poéticas, sobre todo porque has escogido a Ventura para tu cocido. Y, ¿sabes
qué?, tu elección no pudo ser mejor, pues los vegetales líricos de Ventura son materias
primas excelentes, lo cual asegura que tus sopas salgan de altísima calidad y sabor
genuino. Y no asumo la defensa de su persona, a ella le sobra madera para hacerlo,
simplemente hago justicia a su poesía.
d) A Mary Gratereaux, exquisita dama de la Mediación arrastrada por la ira y el
desasosiego. Mujer apta para iluminar el camino nebuloso por donde transitan los
conflictos ajenos, mas no su propio camino. Creyente de que la literatura es cuestión de
"atreverse", no de calidad. Incisiva, presta a promover la cremación de quien suscribe por
irrespetar los valores literarios de muchas versificadoras de la diáspora newyorquina,
según ella. Benévola inconmensurable: me regaló el don del elitismo, la arrogancia y la
prepotencia. Y eso, que fui condescendiente en demasía con ella. O ¿acaso ignora usted,
mi todavía apreciada Mary, que el responsable de los textos desafortunados de una
antología, es el compilador? Y eso no lo dije.
Tampoco le pediré remuneración alguna por atropellar gramaticalmente mi vista. ¿Qué
pasó ahí? ¿Cómo es eso de: Elliot, empieze, elistista, en vez de Eliot, empiece,
elitista, en una persona de su estatura profesional y académica? Además, ¿por qué se
apropia del yo plural?, como si sus colegas tuvieran las voces nubladas. ¿Se lo han
solicitado ellas acaso? Pero tranquila, no la colocaré entre mis desafectos. He dotado mis
oídos de dos enormes y modernas sordinas, no para desoír sus juicios (peores lanzas me
han disparado), sino para mantener mis órganos auditivos en óptimas condiciones por si en
el futuro me congratula con un reclamo más sustancioso y elevado. Claro, comprendo, no
es tarea que todo el mundo domina apropiadamente.
Todavía no asimilo que una arremetida contra mí de esa naturaleza haya emanado de
una persona tan impoluta como usted. Pero algo positivo me queda de su reacción: acabo
de aprender el tipo de discurso que le regocija.
f) A la/os que se limitaron a injuriarme entre amigos y colegas sin reclamar
públicamente nada. ¡Cuánta certeza en su comportamiento! Ellas saben que sus muestras
poéticas en Mujeres de palabra son indefendibles. Un voto de respeto y admiración de mi
parte por la habilidad de dejar esas menudencias entre ellas. Eso es inteligencia.
g) A la/os que optaron por la neutralidad, aunque ganas de hablar no les faltó. Es una
respuesta sabia, porque es imposible predecir cuando la mano ajena será el complemento
o el salvamento de nuestras propias manos.
h) A la/os que permanecieron totalmente callados, pero con el espíritu demolido y el
hígado hirviendo de la rabia.
Mi gratitud a toda/os. Y para ustedes, mujeres, salud. Y tengan presente que en mi
escrito me concentré exclusivamente en algunos textos de Mujeres de palabra: antología y
poética, la obra reseñada, no en la producción poética total de las antologadas, eso es otra
cosa.
Ojalá puedan demostrarme que estoy equivocado, lo admitiré si así ocurre. Pero no
apuesten a mi insensatez, sólo quiero verlas ocupando espacios privilegiados en la
literatura de lengua española. Ármense de los instrumentos necesarios para lograrlo.
Capítulo cerrado.







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