Página literaria de
   Franklin Gutiérrez
Pagina principal | Ensayo | Cuento |  Cuentitos |  Cronicas | Poesia | Periodicos dominicanos
                                       Expiación de Cordy William


Por Franklin Gutiérrez


   A sus 70 años de edad el cura Cordy William nunca había tenido una pesadilla tan horrible como la del
último domingo de abril de 1990. Soñó que yacía en la pila de su propia parroquia flotando en el agua
bautismal. Tenía la sotana raída, la estola grasienta, los ojos tiesos y los dientes fríos. Desde la pila se
percató de que, detrás del podio donde pronunciaba los sermones, había un unicornio gigantesco
vestido de cardenal, apoyado sobre cuatro báculos y conducido por una Gorgona. Trató salir del templo,
pero una fuerza extraña lo detuvo.

   -Te quedan pocas horas de vida, disfrútalas, sentenció el unicornio colocando su cuerno afilado en la
sien de Cordy. Acto seguido la Gorgona dio un giró de 180 grado y abandonó el lomo del unicornio,
cayendo de sopetón sobre el púlpito. Balanceándose entre dos botellas de vino la Gorgona extrajo un
puñado de ostias del cáliz, voló hacia el techo de la iglesia, en la misma dirección del púlpito, se asió a
una cuerda de cabuya y desde allí ejecutó un lance circense que la sitúo próximo a la pila.

   -Mañana te visitará tu confesor -le advirtió a Cordy. Si quieres ganar el cielo, no ocultes nada. En este
momento tu alma deambula entre el purgatorio y el infierno, los comentarios de tus parroquianos te
condenan.

Al concluir la sentencia, lo enmarañó con su extensa cabellera arrastrándolo hasta el confesionario,
donde lo esperaba una mujer de unos cuarenta y cinco años, con el rostro cubierto parcialmente.

   -He aquí tu confesor -le susurró la Gorgona al oído agitando fuertemente sus tentáculos. Segundos
después, desapareció de la iglesia.

   -¿Por qué durante cinco lustros has oficiado las misas con una pistola al cinto lista para disparar? -
escuchó Cordy antes de colocar sus rodillas donde semanalmen-te se postraban los feligreses a
confesarle sus pecados.

   -Es arma divina, nunca ha sido disparada. Además, tiene silenciador y está diseñada para...

   -¿Por qué niegas los servicios religiosos a quienes no pueden retribuir económicamente a tu
parroquia? Repuso sin darle tiempo para responder la primera pregunta.

   -Calumnias, calumnias satánicas de disidentes católicos necios a quienes la garra de la imperfección
les ha desgajado la fe.

   -¿Recuerdas a los jóvenes que entregaste al ejército en plena guerra de abril de 1965?  

   -¡No los entregué! Ese día un grupo de ateos, de los llamados constitucionalistas, entró a mi iglesia
abruptamente y profanaron la casa del Señor.

   -¿Supiste que luego los asesinaron?

   -Eso me dijo el sacristán dos años después, cuando regresé de Roma. Pero eso es fábula, pura
leyenda...     

   Antes de concluir la frase una bocanada de humo multicolor, lanzada por una quimera, arropó el
confesionario despertándolo  abruptamente. Eran las seis de la mañana.
  
   Le tomó tres horas consultar las Sagradas Escrituras y varios libros de mitología uni-versal,
celosamente guardados por ser éstos material profano. Al concluir su meditación, se sintió liberado.

   -El unicornio, -reflexionó, está asociado a la Virgen María y representa limpie-za, inocencia y castidad;
además, el hábito cardenalicio que llevaba lo purificaba grandemente. El báculo es objeto sagrado,
sostén divino, aliciente espiritual y la mujer, simboliza la procreación, la fecundidad y la entrega. Sólo le
inquietaba momentáneamente la infernal Gorgona apoderándose de las ostias y mostrando sus
serpientes diabólicas. Algo, sin embargo, lo alentó: la Gorgona del sueño tenía dientes de jabalí y el
poder fálico del jabalí, es superior a la fuerza petrificante de cualquier Gorgona.

   Es un sueño pendejo, concluyó Cordy, mientras sacudía el cuerpo y la sotana simul-táneamente dando
muestra de fortaleza corporal y espiritual. Entonces profirió un coño cristiano, similar a los que chillaba
cuando las limosnas en las misas eran exiguas, y abandonó su encierro para iniciar los preparativos del
servicio religioso que ofrecería una hora después.

   A las diez, cuando arribó al púlpito, en la iglesia “no cabía un alma.” Durante el sermón la fuerza de su
voz persuadió a todos los presentes, y sin aludir directamente al sueño de esa madrugada, insto a los
presentes a rechazar cualquier tentación satánica provocada por criaturas ajenas a la tradición cristiana.

   Pero a mitad de la eucaristía el cáliz se desplomó de sus manos rodando sobre el piso alfombrado
hasta alcanzar la primera fila asientos del templo. En ese instante la voz de la Gorgona le zarandeó la
cabeza, haciéndole recordar la quinceañera a quien el Viernes Santo de 1960 le cambió la virginidad por
una promesa de vida eterna en el más allá. Segundos después, animado por un Marqués de Cáceres en
representación de la sangre de Cristo, se repuso.

   Mas un versículo del libro Revelación relacionado con la muerte le descompuso nuevamente el
pensamiento. Hurgó en su memoria.

   -Revelación 6:9 -dijo, mientras reproducía interiormente el versículo: “Vi debajo del altar las almas de
los que fueron muertos atrozmente a causa de la obra de testimonio que tenían”. Al erguir la frente vio el
comulgatorio abarrotado de fieles, pero no se inmutó. Sabía que cinco o seis minutos serían suficientes
para alimentar el alma de sus adeptos. Empero, cuando se disponía a entregar la ostia a la última
feligrés de la fila, una mujer de unos cuarenta y cinco años con el rostro cubierto parcialmente, sintió la
pistola desprenderse de su cintura y deslizarse lentamente entre su pierna derecha y el pantalón.

   Para evitar que ésta ganara el piso, inició un lento y disimulado desplazamiento hacia el podio, pero el
arma quedó al descubierto frente a los ojos impávidos de la mujer. Cordy apenas alcanzó el segundo de
los tres peldaños que lo separaban del podio. Cuando su cuerpo se desplomó, hubo un silencio
absoluto. Y todos los feligreses, como si la Gorgona los hubiera petrificado, fijaron sus ojos en los tres
puntos de sangre que se elevaron hasta el techo del templo.
           

Contacteme:
fralgu@gmail.com
Obras
publicadas