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Gotas del alma: crónica de un hallazgo literario
Por Franklin Gutiérrez
Minerva Urania Cabral y Franklin Gutiérrez
Quienes consideran que las ferias de libros sólo sirven para mercadear material de lectura, escuchar
conferencias, recitales literarios o presenciar un espectáculo artístico, les invito a reflexionar con esta
crónica casi fantástica.
A solicitud del escritor y amigo Pedro Antonio Valdez, Director Ejecutivo de la Feria Internacional de Libro
de Santo Domingo, presté cincuenta títulos de mi colección de libros antiguos dominicanos para ser
exhibidos en el pabellón de la Secretaría de Estado de Cultura durante la XI Feria internacional del Libro
de Santo Domingo 2008.
Entre las obras facilitadas había un pequeño poemario titulado Gotas del alma, publicado en Santo
Domingo en 1948. La inclusión del mismo en la exposición no fue al azar, lo hice por la curiosidad que
provocó en mí dicho libro a raíz de la publicación de la novela La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa,
en el año 2000.
Aunque en reiteradas ocasiones Vargas Llosa se ha referido públicamente al carácter ficticio de Urania
Cabral, la protagonista de dicha novela, me inquietaba sobremanera saber quién era Minerva Urania
Cabral, autora de Gotas del alma.
Como novela histórica al fin, La fiesta del chivo oscila entre la ficción y la realidad. Pero resulta cuesta
arriba separar ambas cosas cuando no se tiene harto conocimiento de los hechos históricos aludidos. El
Agustín Cabral vargallosiano es, sin dudas, el Senador Mario Fermín Cabral, servidor incondicional del
dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, padre del laureado poeta Manuel del Cabral y gestor, en 1936,
de la propuesta que convirtió a Santo Domingo en ciudad Trujillo. Pero Mario Fermín Cabral no tuvo
ninguna hija llamada Minerva Urania Cabral.
Como la bibliografía literaria criolla no registra ninguna otra obra de la autoría de Minerva Urania Cabral y
los datos biográficos incluidos en Gotas del alma son muy parcos y pocos iluminadores en ese sentido,
no tuve otra opción que clausurar mi búsqueda y depositar en la funda del olvido mi ansia de establecer
algún tipo de familiaridad entre ambas Urania.
Sin embargo, el interés de desmadejar el enredo creado por mí mismo entre la Urania Cabral de La
Fiesta del Chivo y la Minerva Urania Cabral de Gotas del alma, encontró respuesta el 3 de mayo del 2008
en la XI Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.
Al pabellón del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, bajo mi coordinación, se
apersonaron dos señoras. La más joven aparentaba haber vivido medio siglo y la mayor, sobre ocho
décadas. Luego de confirmar que era yo la persona a quien deseaban contactar, medianamente tímida
pero decidida, la más joven de las damas me dijo que buscaba un libro perdido hacía muchos años.
Lo primero que invadió mi mente fue Luigi Pirandello, ayudando a sus personajes a encontrar a su autor
perdido. También pensé en Miguel de Unamuno deambulando detrás de los personajes-monstruos que
nunca pudo controlar.
Soy Minerva Urania Cabral autora del poemario Gotas del alma, concluyó la diminuta octogenaria sin
poder retener por más tiempo la razón de su presencia ante mí. Me informaron que usted posee un
ejemplar, y vine para que me lo muestre. Hace casi medio siglo que no lo veo. Ella es mi hija Rosa
Cabral, concluyó.
Es imposible describir en este espacio mi reacción al escuchar su nombre. Sólo atiné, como un
autómata, a tomarla de brazo y conducirla hasta en pabellón donde se exhibía Gotas del alma. En el
trayecto me confirmó que no existía ninguna relación entre ella y la Urania de La fiesta del chivo.
Ya frente al libro era difícil determinar quien lucía más regocijado, si ella por reencontrar Gotas del alma o
yo, por tener a mi alcance a la autora. Desdichadamente no pude satisfacer su deseo de tener el
poemario en sus manos, el exhibidor transparente estaba herméticamente cerrado. Pero le prometí
enviarle una fotocopia del mismo. Varios periodistas que realizaban entrevistas a personalidades del
mundo cultural allí, enterados del hallazgo, registraron gráficamente el encuentro.
Tres semanas después recibí un correo electrónico de su hijo menor Roberto Añil Cabral, residente en
Miami, quien me expresó su deseo de celebrar el próximo cumpleaños de su madre leyendo los poemas
de Gotas del alma, libro que pese a sus 46 años de edad él nunca había visto. Pocos días después
cumplí mi promesa y, con ella, mi aporte para que doña Minerva Urania Cabral celebre sus 87 años
escuchando los poemas escritos por ellas en la adolescencia, pero que había olvidado debido a la
lamentable pérdida, más de cuatro décadas atrás, de su único hijo literario: Gotas del alma.








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