Página literaria de Franklin Gutiérrez
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Carta desinhibida a Kianny Antigua y sus múltiples Iris
Estimada Kianny
Siempre he pregonado que la gratitud es la más excelsa de las virtudes humanas, por eso
agradezco tu preciado gesto de haber puesto en mis manos un ejemplar de tu libro de relatos 9 Iris y
otros malditos cuentos.
Indudablemente, se anuncia en ti una escritora a quien la perseverancia en el difícil oficio de la
palabra escrita retribuirá con frutos muy positivos. Sobre todo, porque tus historias exhiben el empleo
adecuado de varios de los recursos que debe manejar un escritor para vencer el pliego en blanco y
establecerse como tal. Entre esos recursos destaco: a) Desplazas a los personajes en su espacio y su
ambiente correspondientes con marcada facilidad, b) Estructuras los relatos acorde con los
requerimientos formales del género, c) Exhibes un dominio aceptable de los temas trata-dos, d)
Trabajas la temática social conscientemente y, e) Imprimes a tus personajes un toque humano que
transciende hasta el lector.
Ponderable es también la inclusión de canciones y juegos infantiles populares al inicio de los nueve
capítulos que componen 9 Iris, un relato que como La cándida Eréndira de Gabriel García Márquez,
fluctúa entre el cuento y la novela breve. Esa técnica mantiene al lector alerta de la condición de víctima
social de la protagonista Nueve, quien desafortunadamente jamás logra descubrir el camino del
triunfo.
Hay, sin embargo, cosas a las que debes prestar más atención y que deseo compartir contigo, entre
ellas: La propiedad del lenguaje. En reiteradas ocasiones empleas palabras cuyos significa-dos
descontextualizan la idea que deseas expresar. En la página 19, por ejemplo, dices: "A Aldo lo volvieron a
transferir", aludiendo a que lo mandaron a trabajar a otra provincia. Resulta que a los empleados de una
empresa o institución los "trasladan" de un lugar a otro. En cambio, los objetos, las sustancias líquidas y
los títulos de propiedad se "transfieren" a otros recipientes o a otras personas, dado que "transferir"
significa ceder, pasar, remitir. Recuerdas que la sinonimia apuesta a la semejanza, no a la exactitud.
El sinsentido es otra de las impropiedades del lenguaje que distorsiona un texto. En la pági-na 26,
escribes: "Nueve fue montada en una camioneta roja marca Cherokee del año 1949 que llevaba diez
puercos amontonados en la parte de atrás". Pero ocurre que la primera versión del vehículo Cherokee
que conocemos actualmente, es de 1974. En los 40 la marca que satisfizo mayormente el gusto y las
necesidades de los usuarios fue la Willys, cuyas camionetas, station wagon, camiones y jeep fabricaba
la compañía Willys-Overland para cumplir con los pedidos del ejercito norteamericano, interesado
entonces en adquirir un medio de transporte capaz de resistir los trajines de la segunda guerra mundial.
De esos modelos iniciales nació la Cherokee y, poste-riormente, las populares jipetas en que nos
transportamos y exhibimos hoy día. De modo que lo más probable es que Nueve regresara en una
camioneta Willys, no en una Cherokee.
En la medianía de los 70 José, uno de los personajes de 9 Iris, viaja a la capital a estudiar
"Sistemas" en la universidad. Aquí procede una pregunta, ¿Había en los 70 en la República Do-minicana
una carrera universitaria que tuviera como objeto de estudio principal un artefacto que todavía no existía:
la computadora personal? La primera oferta de las instituciones educativas dominicanas relacionadas
con la informática fue la carrera "Programación de computadoras", a finales de los 80.
Siguiendo el desarrollo la cronológico del relato 9 Iris, en el primer lustro de los 80 Rafaeli-to es
enviado a un colmado a comprar cinco pesos de salsa de tomate (p. 64). ¿En qué hogar po-bre
dominicano se compraba en esa época cinco pesos de salsa de tomate para cocinar un día? Una ama
de casa de clase social baja no gastaba más de diez o veinte centavos en dicho produc-to. Una revisión
al costo de la canasta familiar de entonces validaría esta aseveración. Hay mu-chos casos más de
palabras empleadas en forma impropia, tales como: altercaciones, por alterca-dos (P.26); infantil, por
infante (p. 25), etc.
Si deseas que el lector haga suyo tus escritos, debes proporcionarle un texto rico en claridad
expresiva y carente de ambigüedades. He aquí algunos ejemplos del relato 9 Iris donde la ausen-cia de
claridad oscurece el mensaje: Cito: “Nueve practicó atletismo, softbol y voleibol… Fue selección nacional
intermedia cuando aún era infantil”. Desconozco si algún país tiene o ha teni-do selecciones deportivas
nacionales infantiles de deportes tan rudos y demandantes como los practicado por Nueve. En tal caso,
serían selecciones juveniles. ¿Es posible ser parte de una se-lección nacional intermedia de un país
siendo un infante? Además, de cuál de los tres deportes que practicó Nueve: atletismo, softbol o voleibol
fue selección nacional (p. 25).
Es cierto que en algunos países llaman selecciones infantiles a grupos deportivos formados por
jóvenes que oscilan entre los catorce y dieciséis años, y selecciones juveniles a grupos com-puestos por
adolescentes de diecisiete y veinte años. Si validamos ese forma de organizar a los deportivas, entonces
tu planteamiento es razonable. Pero ¿es objetivo un modelo de clasificación impuesto por los dirigentes
deportivos que ignora los parámetros establecidos por la psicología para cada etapa del desarrollo
humano: infancia (desde el nacimiento hasta los 7 años); pubertad (de 8 a 12); adolescencia (de 13 a
20), adultez (a partir de 21), etc?
En esa misma página, un par de líneas más abajo, expresas: “Nueve pasó de ser la tiguerita a una
de las señoritas más admiradas del barrio.” Esa oración es confusa e ilegible. Además, "ti-guerita" es un
dominicanismo de consumo local aplicado a jóvenes adolescentes cuyas acciones audaces trascienden
la compostura social del medio en que se desenvuelven. Cuando alguna cir-cunstancia empuja a un
escritor al uso de localismos, éste debe ingeniarse alguna manera de in-formar al lector el significado
del mismo, sin estropear el texto.
Otro aspecto a considerar, esta vez relacionado con la pureza del lenguaje, se registra en la siguiente
oración: “Nueve no entendía cómo una niña podía llorar porque era sábado y no había escuela.” La
expresión “No hay escuela” es un spanglish usado en los Estados Unidos por las comunidades
hablantes de la lengua española como sinónimo de “No hay clase”. Más adelante (p. 107) leemos: “El
salió del camión como le había pedido el policía pero en vez de escuchar palabra, ni comando, siguió
caminando, corriendo.” El personaje aludido no tenía que escuchar un “comando” del policía (que es otro
spanglish), sino la orden que éste le dio.
La segunda parte del libro está compuesta por ocho historias breves que llamas "malditos cuentos",
no cuentos malditos. Y tienes razón, la literatura maldita es otra cosa. En tu caso el término maldito es,
obviamente, una expresión de desahogo y rebeldía. De esas historias la mejor escrita es la última, "El
soñado". En el resto encontramos: a) Uso innecesario del pronombre "se" en sus formas pasiva e
impersonal. (p. 92, 111); b) empleo excesivo de la conjunción copulativa "y", especialmente en el relato:
"El pez de Ramón" (p. 89-94), donde en apenas cinco páginas de extensión aparece 63 veces. En los tres
primeros párrafos de "El ingenioso zapatero don Roberto Chaveta" (p. 95) la repite 12 veces, y en el
penúltimo párrafo de "Evocaciones" (p.101), otras 12 veces. Eso denota pobreza en el uso de la lengua.
Lo mismo sucede con "ni" (p.65...) y con las preposiciones "de", "con" y "en" que unas veces faltan y otras,
sobran.
Hay otros gazapos, ripios, plurales indebidos, sintaxis trastocada, etc., en 9 Iris y otros mal-ditos
cuentos, mas no prima en mí la intención de someter tu obra a un escrutinio extremada-mente
exhaustivo ni tampoco al rigor con el que a veces los miembros de los talleres literarios masacran los
textos y las sensibilidades de sus colegas. Pero los libros deben revisarse y editarse antes de
entregarlos a la imprenta. En esta obra hay mucho descuido. Sin embargo, tengo la cer-teza de que
pondrás ojos avizores en tus publicaciones venideras.
Mi aprecio prolongado
Franklin Gutiérrez
New York
15 de septiembre, 2010







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